sábado, 30 de mayo de 2015

EL PORTERO DEL PROSTIBULO



EL PORTERO DEL PROSTIBULO

El portero del prostíbulo aunque nos es una historia  verdadera, ya que es cuento de JORGE BUCAY, que quizás ya hayan leído o escuchado y que relacionan con VALENTIN TRAMONTINA, si nos deja una reflexión.
EL PORTERO DEL PROSTIBULO


Nos ayudará a afrontar los cambios no como adversidades sino como oportunidades. De allí que, ante las dificultades, lo más importante es no perder de vista nuestros propósitos, tener la confianza en nosotros mismos, y una grande fe en Dios.

Tengamos en cuenta el proceder del agua: " El agua nunca discute con sus obstáculos, sino que los  afronta, no los enfrenta”, pasando siempre por encima de ellos dejándolos atrás y obteniendo más fuerza y poder.

Para los que no la conocen les dejo un resumen de esta historia

No había en el pueblo peor trabajo que ser portero del prostíbulo,  
pero qué otra cosa podría hacer aquel hombre, que nunca había aprendido como leer ni escribir, no tenía ninguna otra actividad u ocupación. Con cambios hechos en el prostíbulo se le pedía realizar otras labores donde necesitaba escribir y al no saberlo fue despedido. 


Recordó que en el prostíbulo, cuando se rompía alguna silla o una mesa, él las arreglaba, con esmero y cariño, pensó que esto podría ser una buena ocupación para conseguir un trabajo. Pero sólo contaba con algunos clavos oxidados y una pinza mal cuidada, uso el dinero de la indemnización para comprar una caja completa de herramientas.
En el pueblo no había casa de herramientas, debería viajar dos días en mula para ir al pueblo más cercano para comprar. Y así lo hizo.
A su regreso, un vecino llamó a su puerta, pidiendo un martillo prestado, el se lo presto por un día, el vecino al no desocuparlo se lo compro, proponiéndole pagarle por el martillo y el gasto del viaje para volverlo a comprar, entonces tomo su mula y viajo. A su regreso, otro vecino lo esperaba en la puerta de su hogar, que le propuso que le comprara otras herramientas y le pagaría el gasto del viaje, ya que él no tenía tiempo para viajar a comprarlas, esto le dio la idea de que muchas personas necesitarían lo mismo al no tener tiempo para viajar.

En el próximo viaje, arriesgó un poco más de dinero, trayendo más herramientas de las que había vendido, podría economizar un poco de tiempo en los viajes. La noticia comenzó a esparcirse por el pueblo y muchos, queriendo economizar el viaje, hacían encomiendas. Ahora, como vendedor de herramientas, una vez por semana viajaba y traía lo que necesitaban sus clientes
Con el tiempo, alquiló un galpón para almacenar las herramientas y unos meses más tarde, se compró una vitrina y un escaparate y transformó el galpón en la primera ferretería en el pueblo. Todos estaban contentos y compraban allí. Ya no viajaba, los fabricantes le enviaban los pedidos. Él era un buen revendedor. Con el tiempo, la gente de los pueblos cercanos preferían comprar en la ferretería, que tener que gastar días en viajes. Un día se acordó de un amigo suyo que era tornero y herrero y pensó que él podría fabricar las cabezas de los martillos y entonces, por qué no, los destornilladores, los pinzas, los cortadores, etc. Y después estaban los clavos y los tornillos.

En pocos años, se convirtió, con su trabajo, en un fabricante de herramientas rico y próspero.
Un día decidió donar una escuela al pueblo. En ella, además de la lectura y la escritura, los niños aprendían algún oficio. En el día de la inauguración de la escuela, el alcalde le entregó las llaves de la ciudad, lo abrazó y le dijo:
Al alcalde pedirle que firmara el libro de actas para entregar la escuela, él manifestó que le daría mucho gusto, firmar ese libro, pero que no sabía leer ni escribir, que era analfabeta, Incrédulo el alcalde. Le dijo que había construido un imperio industrial sin saber leer ni escribir, que era  increíble, Y le preguntó: Que hubiera sido si supiera leer y escribir
Y él le dijo con calma: - Si hubiera sabido leer y escribir... seguiría siendo el...

EL PORTERO DEL PROSTÍBULO.

Así que nos decaigamos ante las adversidades o los fracasos porque se pueden convertir en nuestras mayores oportunidades.
Vicauce